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Sobre mi cumpleaños

Me gusta cumplir años. Cada año, espero la fecha con especial regocijo, aunque de niña, he de admitirlo, la llegada de la misma siempre se acompañaba de una decepción tras otra: no había fiesta, ni pastel de fresa, ni velitas, ni regalos espectaculares. Mi mamá le tiene fobia a los cumpleaños, así que las celebraciones siempre son una suerte de conglomerado de elementos que abomino con la alegría enfermiza que me da de todas formas cumplir años.

Mi primer pastel sí fue de fresa, pero tenía yo tres años y no lo recuerdo. El siguiente pastel fue a los cinco años: hubo payasos que me asustaron, un montón de niños que no conocía y que se estaban comiendo mis dulces, rompieron mi piñata y se comieron mi pastel (que además no era de fresa, sino de payaso, y nadie tuvo la delicadeza de guardarme la tutsi-pop que le servía de nariz). Para cuando cumplí siete años ya estaba tan acostumbrada a los desatinos de mi mamá que fue una agradable sorpresa el que mis tíos llegaran con  un pastel (no de fresa, sino de tres leches) y un par de libros sobre la vida en la granja y las telecomunicaciones. Muy vanguardista-ambientalista el asunto. De los ocho a los once todos fueron tan inverosímiles que los he olvidado, apoyando la teoría de mi madre de que los cumpleaños son sólo un día más, pero cuando cumplí 11 años hubo un eclipse solar total justo el día de mi cumpleaños, y me sentí la niña más afortunada del planeta, como bonus mi mamá me llevó a COMER al “Palacio de Danesa” que era una suerte de restaurant fast-food y nevería que conjuntaba la gula con las fantasías arquitectónicas de hoy y siempre: creaciones que iban de las 5 a las 7 bolas de helado y que tenían nombres tan kitsch como “payaso”, “vampiro”, “yarda” o “palacio de Danesa” conformaban un menú, con el que confieso, varias noches soñé. Fue maravilloso. Sin duda uno de mis mejores cumpleaños. Porque vamos, no a todos les regalan un eclipse total de sol. Admítanlo.

Mi problema básico es que este cumpleaños no quiero nada: no quiero un regalo, no quiero un pastel (salvo que sea de zanahoria) y podría cambiarlo cualquier día por un VTP a Oaxaca, pero tengo pocas posibilidades de hacerlo porque hay como siempre, montones de trabajo. No obstante, sí me gustaría que me regalaran lo siguiente:

  1. Una novia para mi cuñado, que se quieran mucho y que no sea más bonita que yo. Porque vamos, una cosa es querer el bienestar para los demás y otra no admitir que uno es un ególatra sin remedio.
  2. Un buen trabajo para el amigo sincero que me da su mano franca en julio como en enero, y que en julio, como en enero sigue sin jale y cuyo acusado nivel de quejas es tan alto que ni en escala Richter sería mesurable.
  3. Un novio para mi mamá y una mejor amiga, para que salga con el primero y le cuente a la segunda.
  4. Unas 50,000 abdominales ya hechas.
  5. Vacaciones, dos semanas, todo pagado, sin mamá, novio o celular.

Ahora bien, sería IDEAL también que me regalaran algunos millones de dólares que me permitieran jubilarme ahora y no cuando esté ruca y le tenga que dar toda  mi miserable pensión a algún amante del bisturí sadista que me dejaría con cara de payaso y dolencias varias. Es cuanto.

Julio 7, 2009 - Publicado por J. | Lugar Común | | 4 comentarios

4 comentarios »

  1. Yo te regalo todo mi cariño. Apesta, lo sé, pero es todo lo que tengo.

    Nah, a quién engaño. Estoy seca por dentro. Pero yo digo que deberías regalarte algo TÚ, que para eso trabajas. Un gadget bien acá, mucha ropa, unos zapatos caras, bah, cualquier banalidad sirve. Digo.

    Felicidades in advanced.

    comentario por Lilián | Julio 7, 2009 | Responder

  2. El problema es justo ese: no encuentro la banalidad acorde a mis petulantes aspiraciones. Pero sí tengo que comprarme algo, de preferencia costoso e inútil.

    comentario por J. | Julio 7, 2009 | Responder

  3. Si algun día andas por estos lugares del norte, bien al norte, te cumplo con el pastel de zanahoria.

    comentario por Zara | Julio 7, 2009 | Responder

  4. Yo te mando un pastel de queso delicioso, tiene fresas arriba, (que más bien creo que lo quiero yo) peeeero no sé si te guste y no sé cómo llegaría a tus lejanas tierras. O bueno, está bien, te regalo el pastel de zanahoria ;)

    Rola el CV del amigo y vemos cómo le podríamos ayudar…

    comentario por Blue4 | Julio 7, 2009 | Responder


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