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Del anecdotario familiar

La verdad es que la familia siempre da buen material para echarse la botana. El problema es que yo represento el 50% de mi familia comúnmente, salvo en las fiestas navideñas y en algunos funerales, en que aquellos que compartimos el ser producto de las calenturas del abuelo nos juntamos.

Como yo represento el 50% de mi familia convivir con más de una persona que comparte mis genes, idiosincracia y peculiaridades varias, me desquicia. Me pongo de malas, les saco la lengua, les digo que me caen gordos, alzo los ojos al cielo y luego los abrazo y digo que los quiero mucho. O no.

Hoy quedamos de comer en el restaurante pitero franquiciado de calidad aceptable del pueblo (sucursal “calle ancha”), y yo llegué a las 3 en punto quejándome amargamente de que odio a mi familia, de que sus peculiaridades me enervan, de que me molesta el timbre de su voz, su complexión física, su color de piel, su sentido del humor, su moralidad del siglo XIX, su catolicismo exacerbado, su falta de tacto para decir las cosas, su desconsiderado comportamiento hacia el mundo, los acaeceres de su vida e inclusive me puse a twittear de forma iracunda dislates sobre problemas familiares personalísimos.

Dieron las cuatro de la tarde.

Y entonces mi furia alcanzó los niveles de siempre (altísimos) y me indigné y hambrienta me dispuse a irme del lugar para ir a comer. Pero pensé que mejor comía ahí. Y me senté SOLA en una mesa y pedí mi comida SOLA y mientras terminaba de comer SOLA, sonó el celular.

Mamá: Oye muchacha, ¿pues donde estás?

J.: Pues en el restaurant.

M: No te veo.

J: Pues porque estás ciega.

M: No estoy ciega, malvada muchacha, a ver, alza la mano.

J (levantando la mano): aquí.

M: No te veo.

J: Porque me estás dando la espalda.

M: Ay, hola. ¿Por qué estás comiendo?

J: Porque te tardaste una hora en llegar.

M: Pero tus tíos están aquí, ay, no podías esperarte un ratito.

J: Te esperé una hora.

M: Pero somos familia, debemos estar juntos y compartir.

J: (silencio)

M: Bueno, nos vamos a sentar allá atrás, tú quédate aquí porque no cabes en nuestra mesa.

Julio 3, 2009 - Publicado por J. | Dios mata gatitos, No manchen | | 2 comentarios

2 comentarios »

  1. Dios mata gatitos.
    Definitivo.

    comentario por Sara | Julio 3, 2009 | Responder

  2. jajajaja que faltosa banda ;)

    comentario por Blue4 | Julio 6, 2009 | Responder


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